viernes, 31 de agosto de 2007

Cápítulo. X


Cáp. X
Desavenencia


Todo parecía ideal en los primeros meses, los silencios no necesitaban ser llenados con palabras, se decían todo con la mirada, sus manos parecían entrelazadas de tal forma que eran una sola, y cada mensaje estaba dotado de miles de significados ocultos y pasionales. Que hermoso era caminar bajo las danzantes hojas de los árboles que en su recorrido desprendían destellos terrosos y otoñales, que esplendido era mirar sus profundos ojos color tormenta y dejarse llevar por su imaginación. Lucius malfoy parecía perfecto, era caballero, su sangre no comprometía a nadie, muy apuesto, culto y con ese cierto aire imperioso que lo hacia simplemente irresistible.
Todo era tan parecido al colegio, el le acariciaba su cabello, le rozaba la frente, la besaba con tanta suavidad que ni la más frágil copa de cristal se hubiese mecido al contacto de aquellos perfectos labios, que agraciada parecía ser su vida en torno a Lucius, que feliz se mostraba ella, que radiante brillaba el sol sobre sus cabezas, y que celeste figuraba el cielo.
Si bien su sonrisa no se borro en mucho, mucho, tiempo y ella aseguraba estar total y perdidamente enamorada de malfoy, el solidó tronco de su amor comenzaba a debilitarse y a pesar de mostrarse fuerte y robusto como el roble, por dentro era y tan estable como una ramita. Aquellas simientes no fueron consolidadas lo necesario para que esto durara más.
Enamorada, si es que se puede decir de alguna manera, lo miraba con la mirada perdida mitad embelesada mitad aburrida. Los días pasaron, convirtiéndose en semanas y luego en meses. Ya hacia un largo año que Elaine salía con Lucius, su euforia dio paso a la felicidad para luego convertirse en falsas sonrisas y al fin en amargor, claro, al principio esa relación era como un cuento de hadas…mas parecida a una de brujas y espectros que a caballos blancos y príncipes azules. Pero luego se fue desformando para que la rutina copara las jornadas. Día tras día era lo mismo, ir a tomar el té servidos por los elfos, caminar un rato por los jardines, y charlas vacías y extenuantes sobre la aburrida vida de las familias puras de los alrededores. Poco tiempo después la rutina se fue dejando de lado para que la apatía internara en sus vidas, al principio él cancelaba sus pocas salidas apelando que tenía reuniones importantes, encuentros privados o tertulias de ese tipo, más tarde apenas hablaban y al final el ya no contestaba sus cartas.
Pero fue una de esas tardes cuando ella se dio cuenta de la realidad, mi madre nunca se había percatado de lo que el era, hasta ese momento, hacia rato que las cosas venían mal, y detrás de la feliz fachada se ocultaba un infinito vació de peleas y discusiones.
Si, lucius era lindo, encantador, elegante y era uno como ella. Pero no podía dejar pasar la auténtica esencia maligna del señor de rubio cabello. Todos, sus amigos, Lily en especial, le habían advertido la condición que ahora empezaba a salir a la luz, sí ahora ella se había dado cuenta, pero con sospechas no bastaban, necesitaba confirmar sus temores y enfrentarse a la cruenta pero avisada realidad.
Necesitaba un plan, uno infalible, inequívoco e irrefutable, uno que la audaz mente de aquel caballero que en un momento había sido dueño de su corazón no pudiera vislumbrar ni en el más evidente caso.
Horas pasaba elaine sentada en su escritorio, vagando por su cuarto tratando de concebir
Algún argumento para embaucar a Malfoy y arrancarle la información que tanto la intrigaba.
Pensó y pensó hasta que por fin dio con la más excelente idea que jamás se le hubiera ocurrido!
O por lo menos eso pensó ella… era ¡infalible! Claro está que necesitaba mucha suerte, y mucha colaboración…
Si el la ayudaba y le daba lo que ella pretendía entonces el resto tendría que ser audacia y destreza suya, pero primero lo primero, convencerlo de que lo ayudara y darle algo a cambio.
Tenia que buscar una forma de pagarle a su…como llamarlo… ¿socio?...caviló y meditó hasta que simplemente los pensamientos más brillantes fluían de su mente como una canilla abierta.
Necesitaba algo lo suficientemente importante como para que él no se echara atrás.
Nerviosa escudriñó en los rincones, abrió todos los cajones de la cómoda, sacó todo afuera, revolvió cada objeto, por debajo de los muebles, por arriba, en los estantes, dentro de los libros de su inmensa biblioteca, traspapelado entre los documentos de su mesa, bajo la cama, en el cajón de la mesa de luz, en la parte inferior de la mesa de luz y hasta en una tabla saliente en el piso donde guardaba cosas desde niña.
Estaba empezando a desesperarse necesitaba eso tan inminentemente, todo su plan se vería afectado de no tener aquello que ella buscaba. No tenía tiempo de ponerse a recordar y vagar en reminiscencias pasadas, exigía eso, demandaba aquel objeto.
Era total y completamente necesario que ella encontrara lo que estaba rastrando.
Pero luego su mente se iluminó como las antorchas iluminaban los pasillos del castillo escolar.
CLARO!! El baúl del colegio!
Que tonta que había sido!
Accio Baúl! Gritó! Y con su varita apuntando a quien sabe donde, el cofre salio disparado y ella tuvo que agacharse para esquivarlo.
Aterrizó en el piso de madera lustrada de la habitación y se quedó inmóvil, y esperando a ser abierto. Ella se acercó a él como temiendo que la atacara y apuntando a la cerradura murmuró Alohomora! Y al instante se oyó un clic y pudo levantar la tapa.
Dentro del baúl todo estaba tal cual lo había dejado desde que regresó a casa al finalizar Hogwarts, la túnica de Ravenclaw por encima, la apoyó en el piso, dejo ver sus libros, aquel violeta ya gastado Advance Potion Making By Libatius Borage encabezaba la pila, seguidos del libro de transformaciones y encantamientos. Ella quería viajar, para luego convertirse en auror y tener una cierta experiencia, pero ahora era momento de descansar y el estar con Lucius no le había dejado mucho tiempo para viajar.
Examinó sus libros con cuidado, recordando las historias detrás de los garabatos de los márgenes y se permitió volar un rato hasta las viejas aulas del colegio. Sacó también un montón de pergaminos corregidos de ex trabajos prácticos y tareas, un montón de plumas rotas, tinteros ya vacíos, banderas, banderines y pancartas animando a su casa en los partidos de Quidditch, una bolsa con comida para lechuza, regalos de sus amigos, y muy en el fondo del baúl pareció distinguir lo que buscaba. Rebuscó entre las cosas aquella retribución, hasta que al fin dio con lo deseado.
Sonriendo maquiavélicamente y regocijándose en su ingenio, se sentó en su escritorio, sacó una hoja de pergamino, una pluma y escribió:

Necesito de tu ayuda, ven a mi casa, tengo algo que puede interesarte
atte.: Elaine Witch

Ató la nota a la pata de su lechuza, y ululando de felicidad salio por la ventana hasta perderse en la distancia.
Media hora después, la lechuza plateada volvía con un sobre en el pico y luz de suficiencia iluminándole los ojos.
Se posó sobre su percha, y dejo que ella le retirara el recado del pico.
Desató el hilo que lo sellaba y leyó:

Espero que sea importante, estaré ahí exactamente a las 6 PM,…

No continuó leyendo, faltaba media hora para las seis y debía arreglarse un poco y bajar a recibir a su invitado.
Cinco para las seis. Bajó la escalera tranquila, y justó ahí, junto a la puerta del jardín se encontraba una figura oscura, seria y un tanto tétrica.
Mirando altivamente y especulando con el mentón elevado y su capa negra como las mismas sombras cubriéndole todo el cuerpo.
Ella se acercó y el no produjo sonido.
Gracias por venir-, dijo intentando parecer calma.
El no contestó.
Pasa, entra- invito mi madre.
El gran cuervo negro dio un paso hacia delante.
Y bien?- dijo Severus Snape.

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